Esta figura de seguridad era conocida en el ámbito castrense en oficiales de alto rango, por lo menos ese es el concepto que tengo de los militares, porque nunca pude aprender los grados en las diferentes fuerzas militares y de policía, a pesar de haber recibido un curso de corresponsales de guerra en 1985 en plena confrontación bélica entre el ejército y el M-19 en el Caquetá.
Una grata experiencia como periodista, en el manejo de algunas armas, disciplina que para muchos no habíamos pagado servicio militar y mucho menos las mujeres que asistieron y para la culminación se llevó a cabo de cómo se sobrevive que ellos denominan de supervivencia en la confluencia de los rios San Pedro y Orteguaza donde operaba el batallón Bogotá, hoy Héroes del Guepí, base militar donde tiene asiento soldados americanos.
Soy por naturaleza pacifista, y cuando veo a una apersona armada,tengo mal presentimiento, que no he podido acostumbrarme, a pesar de haber vivido entre ellas, desde que soy consciente, de lo que significa estar en guerra, en un territorio como es el Caquetá, quiizá único de los departamentos con fuerzas subversivas cuando las tomas guerrilleras eran constantes a poblaciones, secuestros, voladuras de torres de energía, paros armados donde el uso de las armas eran comunes ente la población civil.
Las elecciones para elegir a los mandatarios locales era toda una odisea por las amenazas a quienes aspiraban a cargos por elección popular y para sobrevivir a los atentados debían de andar con escoltas y si eran elegidos la amenaza persistía, quizá mayor, porque representaba el Estado por el cual ellos estaban combatiendo y el personal de guardaespaldas eran mayor. Esa costumbre permaneció por varios años, que muchas veces se excedía los escoltas para quien vigilaba.
El número de escoltas que custodiaban a un personaje significaba el rango de poder y este se consideraba tan importante que se daba el lujo de transitar en contravía para llamar la atención que el ciudadano común, apenas observaba esa caravana de carros con escoltas se escondían por el temor de algún atentado que se pudiera dar. Aún persiste en nuestro medio personas que no revisten ningún peligro por ser concejal, diputado, alcalde pues las condiciones de orden público ha desaparecido en gran porcentaje.