CAMBIOS GENERACIONALES (IV)
No los ha habido, desde hace
más de dos décadas, en primer lugar, quienes llegaron a los cargos públicos,
por elección popular, específicamente, alcaldes de Florencia y gobernadores,
con alianzas con grupos al margen de la ley y partidos políticos de baja
reputación, saturaron estas administraciones de corrupción, que lo único que
les interesaba era llenar los bolsillos suyos sin ningún escrúpulo.
Empecemos con los alcaldes,
Nestor Javier Bahos Melo elegido en 1993 no terminó su período porque se vio
involucrado en varios contratos leoninos a causa de sobre costos, por lo cual
fue destituido y encarcelado.
Pasamos luego a Lucrecia
Murcia Lozada, a pesar que realizó una buena administración dejando obras que
aún perduran como la ciudadela siglo XXI, pero se vio opacado su gobierno por
un video donde compraba a los concejales para que le aprobaron los proyectos de
Acuerdo y fue inhabilitada por la
procuraduría para desempeñar cargos públicos.
Llega Arnoldo Barrera Cadena
en 1992, un periodista sin ninguna experiencia administrativa que hacen de él,
el hazmerreír de quienes lo manejaban a su antojo y fue involucrado en un acto
de corrupción en la construcción del famoso tercer puente ubicado en el barrio
Juan XXIII e inhabilitado por 10 años.
Llega Gloria Patricia Farfán
Gutiérrez a la alcaldía, con una imagen positiva por su carácter fiestero, que
abrumaba con su sonrisa a los potenciales simpatizantes, que cayeron en sus
redes de sus falsas promesas, como quedó demostrado en el ocaso de su mandato,
cuando fue separada del cargo por las irregularidades administrativas y
nombrado en su reemplazo a la persona menos indicada que también debió
abandonar el cargo por descarados actos de corrupción.
Termina ese período
convulsionado por denuncias de malversación de contratos, un profesional que
aceptó la posición por escasos días, solamente para darse a conocer
políticamente, creyendo que su fugaz paso, lo acreditaría para aspirar a la
alcaldía de Florencia.
El camino estaba expedito,
para continuar por esa senda de la corrupción, Susana Portela, quien había
hecho cola por varios años, esperando que el imponente Antonio Serrano Morales
le diera la bendición porque estaba convencido que la manejaría a su antojo
como lo hacía con sus nombrados en la burocracia. Tacó burro como dicen los tahúres
de billar a tres bandas.
Susana se desmarcó de su
jefe político y formó su propio grupo, esposo y hermana, llamado ahora carrusel
y comenzó su carrera delictiva en su administración, terminando recluida en la
cárcel de mujeres en Bogotá, hoy con detención domiciliaria.
Con los gobernadores ha
pasado el mismo procedimiento, desde Pablo Adriano Muñoz Parra, Juan Carlos
Claro Pinzón, Luís Francisco Cuéllar Carvajal, el inolvidable Germán Medina Triviño
y los celestiales representantes del Mira, peores que todos los anteriores.
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