PRINCIPIO DEL FIN DEL
TURBAYISMO (II)
Con tanto poder económico y
político se hacía invencible. Tenía a su favor la burocracia departamental y
municipal, porque en él recaían todos los nombramientos, en esas instancias,
sino también en los institutos del orden nacional, que no había hoja que se
moviera sin el visto bueno del jefe como lo llamaban sus recomendados.
Bajo ese dominio, no había
gobernador, alcaldes, diputados, concejales que no tuvieran el aval para llegar
a esas posiciones y fue tan increíble su influencia de poder, que zonas con
tradición conservadora, hacía nombrar alcaldes liberales sin el rechazo de la
dirigencia azul, porque estos también dependían de él para algunos
nombramientos de la torta burocrática.
Pero también les colaboraba
a sus socios aspirantes al congreso, cuando les hacían falta votos para llegar
y no los desplazaran los de la Unión Patriótica u otro movimiento político de
izquierda, como ocurrió cuando Reynaldo Duque aspiraba a la Cámara les añadía sus
votos que le sobraban; la registraduría
de ese tiempo los registraba a quien él dijera. Sucedió lo mismo cuando
Fernando Almario perdió con Nelly Buitrago de la Unión Patriótica, se
amangualaron los de los partidos tradicionales, para que la registraduría diera
como ganador el representante del conservatismo, aunque no iba por esa
corriente política. Pero no contento con esa trasfugada de hacerla perder sino
que la justicia la envió a la cárcel.
Ante ese panorama político
que se llevaba a cabo en el departamento del Caquetá, el único que podía frenar
ese uso de poder por cuenta del turbayismo, era la guerrilla de la farc, para
ello utilizó una serie de asesinatos de líderes destacados de ese partido como
el capitán Gustavo Artunduaga Paredes, candidato a la a la alcaldía de Florencia,
donde Hernando Turbay protestó ante el gobierno nacional, que si no cesaba esos
asesinatos selectivos de los líderes turbayistas se retiraría de los comicios
de 1988, cuando se elegían los alcaldes por elección popular.
La insurgencia se había
tomado el poder con las armas, imponiendo su ley, como toma de municipios,
secuestros como el de Rodrigo Turbay y la masacre de la familia Turbay Cote. El
tránsito entre los municipios no estaba permitido en horas nocturnas, las
llamadas pescas milagrosas se hacían a diario, y aunque para esos años se
nombraron gobernadores militares, seguía sucediendo lo mismo. Una época trágica
para los caqueteños, que hoy subsiste en la memoria colectiva. (próxima entrega
la orfandad de líderes)
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