La ciudad de todos los colombianos, está hoy cumpliendo 478 años desde aquel 6 de agosto, cuando un conquistador venido de España a invadir nuestras tierras habitados por aborígenes, inmaculados como la naturaleza que pisaban en esta altiplanicie, llamado Gonzalo Jiménez de Quesada, en el sitio conocido hoy como el Chorro de Queveda, cuya nomenclatura es carrera segunda con calle 13.
Según los historiadores, entre ellos Pedro Pablo Villamor, ese día se llevó a cabo una ceremonia para adjudicarle nombre y el lugar donde tendría su desarrollo, con misa oficiada por Domingo de la Casas, ritos acostumbrados en todos los lugares que iban conquistando, impuesto por la iglesia católica en tierras por donde pasaban.
Con esos siglos de historia, ya no como Santafé, sino como Bogotá Distrito Capital ha sido escenario donde los colombianos de todas las regiones han llegado, en busca de un mejor porvenir, puesto que en sus lugares de origen, le han sido negadas, es decir la meca de sus sueños, pero también de frustraciones, han podido lograr conformar una familia, un título profesional, un techo mejor que las chozas que construyo su fundador, y muchos de sus hijos, han podido regir los destinos de esa metrópoli, han sobresalido en los deportes, las artes en fin, en lo concerniente a las áreas de conocimiento.
Mientras esto acontecía su pilar de progreso y desarrollo, de la misma manera se iba configurando los monopolios económicos, sociales y políticos, el cerrojo para quienes incursionaban o trataban de conformar un pequeño negocio, una aspiración a cargo público, puesto que no estaban dispuestos a ceder sus ventajas que le daba el sistema (del que hablaba Álvaro Gómez), no permitían competencias en ninguno de esos campos, constituyéndose las desigualdades, sociales políticas y económicas.
El cúmulo de toda esta injusticia, aparecieron los grupos dispuestos a no dejarse desplazar de sus proyectos dispuestos a crear todas la formas de lucha, termino empleado por los alzados en armas, siguieron otros que buscan el enriquecimiento a través de la coca, los carruseles de la contratación, de la salud y que Colombia entera conoce quienes son, pero la justicia no opera para ellos, sino para los que no han tenido la oportunidad de tener un empleo, una casita, derecho a la salud y educación.
No sé, si felicitarla por esos 438 años de existencia o compadecerla por todos los males que hoy lleva en sus hombros, puesto que muchos de sus moradores se aprovechan de las oportunidades que le han brindado y no tienen ese sentido de pertenencia.
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