Después de 4 años de agite administrativo que da ser gobernador, de unos de los departamentos más convulsionados de las últimas 3 décadas cuando fue convertido en Departamento, lo encuentro en una plácida campiña disfrutando de aire puro, cristalinas aguas para sus baños matutinos,, una hamaca cordobesa, aislado de comunicación satelital, un computador portatil para escribir en él sus experiencias de gobernador del posconflicto.
No fue nada fácil, que el doctor Pacheco, me concediera esta, pues no quería saber nada del pasado, por ahora quería reflexionar un par de semanas para tomar la decisión, si continuar en la vida pública y dedicarse de lleno a los viajes al exterior dictando conferencias, en prestigiosas universidades como la Sorbona de París donde van a capacitarse los intelectuales de este planeta que se matan por ser contrarios religiosos y quieren conocer de primera mano como son los terroristas de la izquierda y la derecha.
MIentras nos ubicábamos en un lugar estratégico para apreciar como se se observa a la distancia la ciudad donde permaneció los últimos 4 años, descontando los días que debía de ausentarse para gestionar los recursos que le prometían el gobierno nacional. Nada de celular para grabar el diálogo y las fotos, sería un reportaje de puro texto sin ilustraciones como lo hacían los antiguos con los escribanos.
Lo miro a los ojos para escudriñar el estado de ánimo para hacerle la primera pregunta, pero antes de iniciar se me adelanta y me dice tranquilo, no hay ni micrófonos ni cámaras escondidas puede hacer el interrogatorio que crea conveniente. Esto me dio confianza para comenzar, doctor Pacheco, mejor dígame pache, bueno pache, que de cierto tiene que esos períodos de tanta transcendencia en la historia de los pueblos, sirven de ejemplo para que las generaciones que vienen no vuelvan a caer en los mismos errores, sí y no, me dice, una respuesta ambigua que los lectores sabrán interpretar según su conveniencia.
La temperatura era propicia para tomar un buen café, pero no había a quien solicitarle que lo hiciera, hubo que recurrir a la cafetera eléctrica y mientras tanto, él me miraba, yo lo observaba, sin cruzar palabra, su pensamiento no era el suyo y mis cuitas se evaporaban sin dejar rastro. Con autoservicio nos servimos el tinto y entre sorbo y sorbo la charla se fue haciendo filosófica, sentimental a ratos, pero lo cierto de todo esto, la paz que reinaba en el ambiente, era tan estimulante como para escribir poemas esos que dejamos de hacer en la juventud.
Era tan interesante la charla con el ex que el tiempo había transcurrido tan rápido y solo nos dimos cuenta por la bruma que aparecía entre las ramas de los árboles y era hora de irme ya que el seguiría en ese paradisíaco lugar, donde los remordimientos se hacen más intensos, los amores más confidenciales mientras me deslizaba entre los musgos con caídas repentinas y levantadas pausada, pensaba que haría un hombre solo, solo con el pretexto de tomar una decisión.
Una última pregunta, pues le hice muchas pero no las contestó, -como las hacía Álvaro Uribe en su época de presidente- se guardó el secreto, quería darle la chiva a un medio que la noticia transcendiera en el ámbito nacional, mientra que a mi solo me dio el ripio de la información.
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